“Aquí te entrego los cuatro puntos cardinales para que te guíen en la vida, porque nunca sabemos dónde vamos a morir”.

Frase que se dice cuando una persona nómada lega a su estirpe su amuleto.

 

Resulta fascinante conocer a cerca de las tribus nómadas que aún existen en la actualidad. Saber de su historia, de su espíritu, comprender sus valores, su cultura, su particular sentido del tiempo, las cosas que les resultan verdaderamente importantes… Después de hacerlo, nos parece imposible no encontrar algunos curiosos paralelismos, metáforas cargadas de un profundo significado, enseñanzas de vida que dan continuidad a la historia…

Los pueblos nómadas se desplazan por el mundo en una búsqueda incesante de recursos que puedan satisfacer sus necesidades, y las necesidades de sus rebaños. Convierten los entornos más hostiles en su hogar. Basan la supervivencia en dos herramientas principales: sus Jaimas y su ganado.

Entre alerta y alerta, comparten sus espacios de libertad en torno a un té y un buen fuego, practicando la oratoria, la música y la educación… dejándose mecer por el paso del tiempo, desconociendo, a ciencia cierta, su propia edad, puesto que en verdad no les importa.

Una parte elemental de su cultura lo conforman los amuletos, que suelen tener forma de cruz, en la que cada extremo representa un punto cardinal, a modo de brújula que les guíe en su camino físico y vital.

¿Cómo no plantear paralelismos con nuestra realidad actual?

En el contexto en el que vivimos, trabajamos, desarrollamos negocios y proyectos, nos relacionamos con clientes, proveedores, compañeros y compañeras… y con la comunidad en general, destacan cuatro características que describen de forma sintética nuestra realidad:

  • Volatilidad: se producen cambios de forma constante y con considerable rapidez.
  • Incertidumbre: resulta muy difícil establecer certezas claras acerca de lo que puede suceder en un futuro próximo.
  • Complejidad: las cosas que suceden suelen estar causadas y están conformadas por factores complejos y complicados.
  • Ambigüedad: el mundo, y los fenómenos que lo conforman, está sujeto, igualmente, a muy diversas interpretaciones.

En estos entornos, en los que las teorías, suposiciones, y presunciones pierden terreno, el talento, la creatividad y el compromiso se convierten en absolutamente esenciales para poder sobrevivir.

Y es aquí, ante esta perspectiva, dónde se están desarrollando otras formas de entender el trabajo, otra manera de organizar las empresas, nuevos retos para líderes y equipos… que llegan a constituir, realmente, un «modus vivendi» más allá del terreno profesional.

Personas, nómadas del conocimiento, que consideran la iniciativa emprendedora como algo más allá de la valentía de embarcarse en un proyecto profesional, algo más que la posibilidad de “ganar dinero”.  Una habilidad fundamental en el presente, y vital para afrontar el futuro: la habilidad de convertir ideas en realidad. Para ellos y para ellas, El Emprendimiento es una actitud ante la vida, una suerte de espíritu vital y profesional que debe estar presente siempre.

Nómadas, que valoran su libertad casi por encima de todo. Que cultivan su talento como el mejor de los fertilizantes. Personas innovadoras, imaginativas, creativas, amantes de trabajar en colaboración con un amplio espectro de perfiles, en cualquier momento y en cualquier lugar. Capaces de re-configurar y contextualizar sus espacios, intercambiando información para co-crear productos y servicios mejorados. Con mentalidad social y sociable, gustosas de expandir su conocimiento en red, valiéndose del mundo digital… Dispuestas a aprender y desaprender de manera continua… transformando lo convencional.

Nómadas, creadores de sentido socialmente construido, que usan la información de forma libre y abierta. Conscientes del valor de liberar el acceso a la información, de adaptarla y de convertirla en conocimiento. Generadores de redes, conectores de personas, de ideas, de organizaciones… usuarios aventajados de herramientas diseñadas para resolver diferentes problemas, alfabetizados digitalmente, conocedores del cómo, el por qué y el para qué de las tecnologías.  No limitados geográficamente. Adaptables a diferentes contextos y entornos. Capaces de aprender y desaprender de forma continua, sumando nuevas ideas.

Personas Nómadas, que afrontan el fracaso con valentía, haciéndose más fuertes ante la adversidad. Qué entienden el trabajo como algo más que un trabajo. Sin fronteras físicas ni virtuales. Personas a las que les importan las personas, porque éstas encarnan el conocimiento, lo generan, lo aumentan y lo comparten. Libres, desde la responsabilidad individual y colectiva. Para los que el dinero es más un medio que un fin, y que lo obtienen implementando acciones que aumentan sus posibilidades de autorrealización.

 Y esta filosofía de vida NO TIENE EDAD. Puede adoptarla CASI cualquiera, y CASI en cualquier etapa de la vida.

Pero el entorno actual no solo ha propiciado el renacimiento de las tribus nómadas, sino que la proliferación de personas que están adoptando esta filosofía de trabajo y de vida, empuja a que sean necesarios y necesarias también: organizaciones nómadas del conocimiento, equipos nómadas del conocimiento, y, por tanto, líderes transformadores que permitan que todo esto sea posible, y que caminen hacia un liderazgo compartido, en el que el rol de líder y el rol de seguidor sean roles flexibles e intercambiables. Sociedades, Organizaciones y Personas protagonistas de una cultura líquida, abierta, global, cooperativa, colaborativa y responsable…

¿De verdad que todo esto no os resulta familiar?